Es humano. Llega una carta de Hacienda, sube el pulso y aparece la tentación: enviar un par de documentos, rellenar una plantilla, copiar una explicación y esperar que el problema desaparezca.
Pero Hacienda no lee tus nervios. Lee hechos, plazos, pruebas, normas y contradicciones. Y una mala respuesta puede dejarte sin defensa.